La vida es corta, pero da para hacer el memo en incontables ocasiones. Los cruces de caminos se repiten con demasiada frecuencia, se cambia de opinión una vez por semana y la gente empieza a pasar por nuestra vida a la misma velocidad que los coches circulan por la autovía. Entonces, ¿la vida sigue igual? ¿Somos nosotros los que cambiamos? Es verdad, ya sé que hay demasiadas preguntas sin respuesta, que los misterios se acumulan en la caja negra, pero tal vez esto sirva para entender algo más sobre la evolución humana. Hace tiempo pensaba que las personas no cambiaban nunca, luego me convencí de que evolucionaban y definitivamente acabé por darme cuenta de que son los hechos y las circunstancias las que nos cambian y casi siempre para mal. El desamor, la decepción, el egoísmo, la muerte… todo nos hace ser distintos cada día, porque también nuestras aspiraciones varían constantemente. No es menos cierto que, afortunadamente, hay cosas invariables todavía. Ya no me refiero a cambiar de religión, que se puede, a mutar de cara, que también, a cambiar de chaqueta, anda que no hay, o a permutar nuestra nacionalidad, que es un hecho contrastado, sino más bien a aspectos intangibles como el sentimiento más puro, cambiar de equipo de fútbol o las puñeteras manías. Dicen que formamos nuestro carácter de niños, pero ni siquiera eso es cierto, nunca dejamos de aprender y cada día supone un nuevo aprendizaje. Uno hoy en día es de donde quiere y lo que jamás puede elegir es la ubicación del punto y final, pero sí puede escoger donde tomar cada desvío para darle forma de punto de inflexión.
Detour In Novara
La vida es corta, pero da para hacer el memo en incontables ocasiones. Los cruces de caminos se repiten con demasiada frecuencia, se cambia de opinión una vez por semana y la gente empieza a pasar por nuestra vida a la misma velocidad que los coches circulan por la autovía. Entonces, ¿la vida sigue igual? ¿Somos nosotros los que cambiamos? Es verdad, ya sé que hay demasiadas preguntas sin respuesta, que los misterios se acumulan en la caja negra, pero tal vez esto sirva para entender algo más sobre la evolución humana. Hace tiempo pensaba que las personas no cambiaban nunca, luego me convencí de que evolucionaban y definitivamente acabé por darme cuenta de que son los hechos y las circunstancias las que nos cambian y casi siempre para mal. El desamor, la decepción, el egoísmo, la muerte… todo nos hace ser distintos cada día, porque también nuestras aspiraciones varían constantemente. No es menos cierto que, afortunadamente, hay cosas invariables todavía. Ya no me refiero a cambiar de religión, que se puede, a mutar de cara, que también, a cambiar de chaqueta, anda que no hay, o a permutar nuestra nacionalidad, que es un hecho contrastado, sino más bien a aspectos intangibles como el sentimiento más puro, cambiar de equipo de fútbol o las puñeteras manías. Dicen que formamos nuestro carácter de niños, pero ni siquiera eso es cierto, nunca dejamos de aprender y cada día supone un nuevo aprendizaje. Uno hoy en día es de donde quiere y lo que jamás puede elegir es la ubicación del punto y final, pero sí puede escoger donde tomar cada desvío para darle forma de punto de inflexión.
