El camino es la transición, el destino es la meta, perderse es naufragar, abandonar es no existir. El tiempo es el canal por el que nos comunicamos, dorado, de diversas dimensiones, siempre eterno, siempre raudo, corto en las buenas, largo en las malas. El ambiente es respirable, acaso palpable, especial a simple vista, inolvidable con el recuerdo en la mano, transcendental en cada escenario, perdulario y divagante ante la extrañeza. Las personas son números, da igual veinte que ochenta, mujeres que hombres, de sangre que de vista, sombras que pasan en un eterno bucle. Los matices, por el contrario, son el pequeño detalle que a duras penas se convierte en indispensable. Cuando se llega a un punto de no retorno algo invade la estancia con toda su impronta e importancia hasta llegar a ser el todo en cada momento. Vivir es el compendio de todo lo anterior, el resultado de la fórmula, el plato único que obtenemos de la receta. Si todo lo anterior no convence y el preparado resulta indigesto siempre conviene tener a mano el elixir y su correspondiente prospecto, se sirve en una sola dosis y es fulminante, no deja secuelas y resulta infalible. A tal remedio se le llama paradójica y vulgarmente como la muerte y no se encuentra disponible en farmacias.
Antagonista
El camino es la transición, el destino es la meta, perderse es naufragar, abandonar es no existir. El tiempo es el canal por el que nos comunicamos, dorado, de diversas dimensiones, siempre eterno, siempre raudo, corto en las buenas, largo en las malas. El ambiente es respirable, acaso palpable, especial a simple vista, inolvidable con el recuerdo en la mano, transcendental en cada escenario, perdulario y divagante ante la extrañeza. Las personas son números, da igual veinte que ochenta, mujeres que hombres, de sangre que de vista, sombras que pasan en un eterno bucle. Los matices, por el contrario, son el pequeño detalle que a duras penas se convierte en indispensable. Cuando se llega a un punto de no retorno algo invade la estancia con toda su impronta e importancia hasta llegar a ser el todo en cada momento. Vivir es el compendio de todo lo anterior, el resultado de la fórmula, el plato único que obtenemos de la receta. Si todo lo anterior no convence y el preparado resulta indigesto siempre conviene tener a mano el elixir y su correspondiente prospecto, se sirve en una sola dosis y es fulminante, no deja secuelas y resulta infalible. A tal remedio se le llama paradójica y vulgarmente como la muerte y no se encuentra disponible en farmacias.
