Como cada mañana, departo animosamente con Pablo. No sé desde cuándo esto es así, mas si puedo recordar vivamente como mis primeros meses en este lugar estuvieron presididos por el silencio y el anonimato. Con Pablo todo es distinto, ya no me fijo en cosas absurdas que antes eran foco de atención o en detalles triviales que incluso en ciertos momentos me llegaron a incomodar. Siempre hay algo de lo que hablar, algo que compartir, muchas cosas para estar de acuerdo… Pablo es, en definitiva, el amigo que siempre había querido tener. Cuando pienso en su amistad a veces me confundo creyendo que es más que eso, tanto que llego a sentir que es para mí como un hermano. Increíble empatía la que hemos forjado, no se sabe si por casualidad o no, lo que está claro es que no me podría arrepentir jamás del día en el que el destino me hizo estar cerca de él. Y es cierto, lo forcé, tuve un irreductible empeño por conocerle, por comprobar si en definitiva era lo que me imaginaba. Y es mucho más. Nunca lo pude imaginar, pero acabé por darme cuenta más pronto que tarde de que empecé a hablar con él porque realmente me gustaba. Mi primer sentimiento homosexual llegó justo a los 40, esa edad en la que parece que ya nada va a cambiar…
Próxima Estación: Chueca
Como cada mañana, departo animosamente con Pablo. No sé desde cuándo esto es así, mas si puedo recordar vivamente como mis primeros meses en este lugar estuvieron presididos por el silencio y el anonimato. Con Pablo todo es distinto, ya no me fijo en cosas absurdas que antes eran foco de atención o en detalles triviales que incluso en ciertos momentos me llegaron a incomodar. Siempre hay algo de lo que hablar, algo que compartir, muchas cosas para estar de acuerdo… Pablo es, en definitiva, el amigo que siempre había querido tener. Cuando pienso en su amistad a veces me confundo creyendo que es más que eso, tanto que llego a sentir que es para mí como un hermano. Increíble empatía la que hemos forjado, no se sabe si por casualidad o no, lo que está claro es que no me podría arrepentir jamás del día en el que el destino me hizo estar cerca de él. Y es cierto, lo forcé, tuve un irreductible empeño por conocerle, por comprobar si en definitiva era lo que me imaginaba. Y es mucho más. Nunca lo pude imaginar, pero acabé por darme cuenta más pronto que tarde de que empecé a hablar con él porque realmente me gustaba. Mi primer sentimiento homosexual llegó justo a los 40, esa edad en la que parece que ya nada va a cambiar…
