Déjà vu


Cogió el tren nada más nacer y jamás volvió a salir de él. No es que tuviese una cama al lado de la cabina del conductor o que entre la catenaria y el techo hubiese un horno donde hacer tartas para celebrar su cumpleaños, pero es así: nunca salió del tren. Los interventores, guardias de seguridad y demás empleados se habían convertido en su familia y los viajeros en los amigos pesados que vienen todos los días a comer a casa. Estando dormido, de pie y con la única asistencia de un adiposo asidero, pasaban por su mente trenes cargados de ilusiones, desesperanzas, miedos y alegrías.

¿Eran realmente trenes o la sensación de vivir un eterno día de la marmota?