Despiertan la ilusión de propios y extraños, pero finalmente cumplen la ley de la expectativa y la triste realidad.
También son sangre, sudor y lágrimas.
Se cumple la ley de Murphy.
Cuando buscas no encuentras.
Encuentras cuando no quieres nada.
Son oasis más falsos que un billete de 6 euros.
Estás deseando llegar, pero cuando lo haces estás loco por salir.
Sabes por donde entras, pero jamás por donde sales.
Nada es gratis.
Venden reiteradamente publicidad engañosa.
Los mejores momentos son los que pasas en el WC.
Cierran puertas y ventanas mismamente como pasa en nuestro devenir por el valle de la tortura.
Son pan para hoy y hambre para mañana.
Cada vez son más aburridos.
La calidad va en deterioro mires donde mires.
Hay riadas de gente, por lo que el efecto tan manido de solo ante la multitud vuelve a cobrar sentido por enésima vez.
Hay más errores que aciertos, pero estos, además, cuestan dinero y salud.
Piensas, erróneamente, que comes mejor fuera que en casa.
Añades a la cesta cosas que realmente no te hacen falta.
Cuando echan el cierre se apagan las luces.


